El equipo necesario inicial para la toma de muestras de olores en un punto o superficie es variado y depende en muchos casos de los tipos de focos sus caudales, temperaturas y humedades relativas.

   El proceso de muestreo consiste básicamente en almacenar aire contaminado en bolsas inodoras realizadas con un material especial que no absorbe olor, con el fin de que pueda ser transportado al laboratorio de olfatometría sin sufrir alteraciones para analizar la concentración de olor de la muestra.

 Existen fundamentalmente dos métodos para medir los olores:

     -Métodos químico-físicos: Cromatografía gases, FID, Instrumentos electrónicos para la vigilancia de olores (o-sensores), tubos colorimétricos, etc.

     -Métodos sensoriales: Olfatometría, Nasal Ranger®, psicometría, etc.

  Los métodos químico-físicos son adecuados cuando se conoce cual es el compuesto que genera los olores o cuando se pretende vigilar las emisiones de unas determinadas instalaciones en continuo para controlar la presencia de escapes de gases asociados a los compuestos olorosos. Este tipo de métodos son en la actualidad poco específicos o poco sensitivos.

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